Cierra la convocatoria a directores/as para dirigir el texto LOS OFICIOS MANUALES, ganador de una mención en el concurso de guiones de teatro de Metrovías 2006. Quienes estén interesados/as, deben escribir un comentario a esta entrada o enviar un mail a elgrandiosbrown.blog@gmail.com La primera escena fue publicada en este blog el 15/09, la segunda el 27/10 y la tercera el 26/11. .
IV.
Unos días después. A la noche. El Bolilla está viendo la televisión. Se emociona cuando las hijas de Arturo dicen: “¡Grande, pa!” Suena el teléfono.
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Bolilla: ¿Papá? ¿Cómo sigue el abuelo? No se escucha bien. Hablá más fuerte. Que hablés más fuerte. Me eligieron para el sorteo de Navidad. Lo logré. El sorteo. ¿Cuándo vuelven? ¿Cuándo? No te escucho. ¡Hola!
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Se corta la comunicación. El Bolilla vuelve a mirar la televisión. Alguien golpea a la puerta. El Bolilla se asusta. Apaga el televisor y las luces.
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Guante: ¡Abrime! Quiero saber qué le pasó al abuelo. ¡Por favor, abrime!
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El Bolilla enciende las luces y abre la puerta. Se miran en silencio.
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Bolilla: No estás igual.
Guante: Vos tampoco.
Bolilla: Pasá. ¿Cómo te enteraste?
Guante: ¿De que viven acá? Empecé a entrenar en un gimnasio que está a la vuelta del edificio de la lotería. Una tarde te vi de casualidad y te seguí hasta acá. ¿No te diste cuenta?
Bolilla: Sí, pero no le cuentes a papá.
Guante: Neuquén no es muy grande. Los iba a encontrar tarde o temprano.
Bolilla: Ellos prefieren tarde. Yo no.
Guante: ¿Por qué? ¿Pensás que cambié? ¿Qué los dos somos más grandes y entonces no nos vamos a pelear más? ¿Te creés capaz de hacerme frente?
Bolilla: Sos un profesional. ¿Cuál es tu récord?
Guante: No recuerdo haber ganado una pelea. Entreno mucho. Todos los días. Los primeros rounds son míos. Después se me nubla todo. Me despierto en el vestuario o en el hospital. Tirado en una camilla.
Bolilla: Dejá el boxeo. Te va a matar.
Guante: Un doctor me dijo que de chico me pegaron muy fuerte en la cabeza. Y que ese golpe rompió algo adentro. Fue el abuelo. Un día estábamos boxeando de mentira. Yo ya tenía decidido que quería ser boxeador. Me dejé llevar por el juego y le pegué un gancho en la mandíbula, que es donde se pegan los ganchos, al mejor estilo Martillo Roldán. Se levantó y me fajó delante de mamá, que le pedía a gritos y arañazos que me dejara de pegar. A ella también la noqueó.
Bolilla: Y esa noche nos abandonó.
Guante: Esa o la siguiente. Papá no la defendió.
Bolilla: ¿Por qué no nos llevó con ella?
Guante: No sé.
Bolilla: No es la misma historia que me contó papá.
Guante: No me importa. Estamos hablando por hablar. No te cuento todo esto para…
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De repente, el Guante deja de hablar y se queda paralizado con la mirada perdida.
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Bolilla: ¿Qué te pasa? ¡Eh!
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El Guante vuelve en sí.
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Bolilla: El abuelo está internado. Tuvo un ataque mientras bastoneaba. Ahora está mejor.
Guante: Mejor. Lo voy a esperar.
Bolilla: No, no podés quedarte acá.
Guante (mientras le pasa una mano por el pelo al Bolilla): ¿Tenés miedo? Yo te voy a cuidar. Estuve en la cárcel dos años. ¿Sabés lo que te enseñan en la cárcel?
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El Bolilla toma distancia.
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Guante: No, mentira. No estuve nunca en la cárcel. Era una broma. Como cuando éramos chicos y yo te apagaba la luz del baño y gritaba: “¡La bruja! ¡La bruja!”
Bolilla: O en el río, cuando me atacabas por la espalda y me hacías el submarino.
Guante: De eso no me acuerdo.
Bolilla: Ahora no me asustás. Si querés culearme, pagá. En la barda o en el mirador cobro barato. Acá te puede salir un poco más caro.
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Se ríen.
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Guante: Estamos hablando…
Bolilla: …por hablar.
Guante (preocupado): ¿El abuelo te…?
Bolilla: No. El no tiene la culpa. Nadie la tiene. A mí me gustan las mujeres. Pero es plata fácil. Me quiero ir a vivir a Buenos Aires.
Guante: Todos queremos lo mismo. ¿Papá…?
Bolilla: No sabe. El abuelo sí. Porque una noche fue a la barda y me vio. Cada tanto lo atiendo para que me guarde el secreto. Igual está viejo, no jode mucho. Y después de este ataque, menos.
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Se quedan en silencio unos segundos.
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Guante: ¿Me hacés precio?
Bolilla: No.
Guante: Me das asco.
Bolilla: ¿Porque no te hago precio?
Guante: Niño cantor. Estás más inteligente. Siempre fuiste más inteligente que yo. Pero esta vez no me engañás.
Bolilla: Pagá y te juro que me vas a creer.
Guante (amenazante): Te voy a romper el culo y no te voy a pagar nada, ¿qué te parece?
Bolilla (tomando nuevamente distancia): Está bien, está bien, quedate si querés. Perdoná.
Guante: ¿Cuándo vuelven?
Bolilla: No sé. Hablé recién, pero se cortó. En dos o tres días, supongo.
Guante: Entonces por dos o tres días, en esta casa, se hace lo que yo diga. Después…
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Nuevamente el Guante se paraliza con la mirada perdida. El Bolilla hace como si le pegara una trompada.
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Bolilla (le habla a su hermano aunque éste no lo escucha): Si te hubieras quedado conmigo… El abuelo manoseaba a un compañerito de la banda. Yo lo vi. El Broca. Un chilenito que maltrataba los timbales. Yo creo que se la agarraba con los timbales para manifestar su dolor. Pobre Broca. En la escuela tenía el mejor promedio, pero no le dejaban llevar la bandera por chileno. Yo me sentí culpable por lo que le hacía mi abuelo. Las culpas se heredan, ¿sabías? Llegué a un acuerdo con mi conciencia. No lo entregué a mi abuelo. A cambio, dejé de tocar los platillos, a pesar de tener muchas condiciones para la música, y me juré acompañar al Broca en lo que sea. Nos hicimos muy amigos. Lo ayudé a pagar las operaciones para convertirse en Jessica. Al principio, sólo me encargaba de llevarle clientes a la barda. Algunos profesores, un médico, dos o tres abogados. Después empecé a trabajar con él. Ganábamos muy bien. Cuando terminó de operarse, se fue. A Chile, supongo. No lo vi más. Yo sigo trabajando. Me escapo casi todas las madrugadas y vuelvo antes de las siete de la mañana. Esta ciudad necesita más luces. Una noche las conté todas. Desde el mirador podés contar las luces de Neuquén.
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Por una de las mejillas del Guante, que sigue absorto, corre una lágrima. El Bolilla recoge la lágrima y la mira extrañado. De repente, golpean a la puerta. El Guante vuelve en sí.
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Mago: Apurate. Abrí. Hace frío.
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El Guante se esconde. El Bolilla abre la puerta. Entran el Mago y el Bastonero, éste último en silla de ruedas y con un suero.
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Mago: Te estaba llamando desde la terminal.
Bolilla: No se escuchaba nada. Yo pensé que llamabas desde Buenos Aires. ¿Cómo te sentís, abuelo?
Mago: Está muy cansado, no le hablés. El viaje fue muy largo. Ayudame a prepararle la cama.
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El Mago y el Bolilla entran al cuarto del Bastonero. El Guante los encierra en el cuarto. El Bastonero se asusta. El Guante se calza los guantes de box y se acerca amenazante a su abuelo.
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Bastonero (llorando): Perdoname, perdoname…
Mago (forcejeando con la puerta): ¡Abrí! ¡Es tu abuelo! ¡No hagas locuras! ¡Está delicado! ¡Lo vas a matar!
Bastonero: Tu hermano guarda plata debajo de la cama, en una cajita azul.
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El Guante se quita los guantes de box. Saca el dinero de la cajita azul.
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Guante: Hermanito, escuchá este consejo que te voy a dar. No usés más las manos. Las manos de esta familia están malditas. Usá la cabeza o el culo. Pero no usés más las manos. Te quiero.
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El Guante se va. El Bastonero sigue llorando.
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V.
22 de diciembre. De noche. El Mago y el Bastonero están sentados mirando por televisión el sorteo de Navidad de la lotería provincial, en el cual participa el Bolilla como niño cantor. El Bastonero tiene conectado un suero a uno de sus brazos.
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Mago: ¡Cómo se hace desear el primer premio! Ya salieron el segundo y el tercero.
Bastonero: ¿Se sabe algo de mi bastón?
Mago: No tuve novedades.
Bastonero: Ni lo buscaste. Es muy importante para mí, es mi insignia…
Mago: ¿Para qué lo querés si no lo vas a usar más?
Bastonero: Toda mi autoridad está en ese objeto.
Mago: Ahí cambiaron. Le toca otra vez. Diez números. Vamos, vamos. Es ahora o nunca.
Voz de niño cantor: 21.389
Voz del Bolilla: Quinientos.
Mago: El próximo, el próximo.
Voz de niño cantor: 54.613
Voz del Bolilla: Quinientos.
Bastonero: ¿Está usando la gomina? No veo.
Mago: Callate, no puedo escuchar.
Voz de niño cantor: 87.756
Voz del Bolilla: Quinientos.
Mago: Ay, vamos.
Voz de niño cantor: 23.783
Voz del Bolilla: Quinientos.
Bastonero: Te conté que en el hospital hablé con Dios.
Mago: ¿Qué decís, papá?
Voz de niño cantor: 33.678
Voz del Bolilla: Quinientos.
Bastonero: Me dijo que el Gordo de Navidad se lo saca Palacios.
Voz de niño cantor: 55.402
Bastonero: Pero que igual no nos preocupemos porque el premio no lo canta tu hijo.
Voz del Bolilla: Quinientos.
Mago: Dejá de decir boludeces, ¿querés?
Bastonero: También me dijo que nuestras mujeres ya no nos guardan rencor.
Voz de niño cantor: 10.331
Voz del Bolilla: Quinientos.
Bastonero: Así que tenemos que perdonarlas.
Mago: Sí, sí, están perdonadas.
Bastonero: De corazón.
Voz de niño cantor: 60.094
Voz del Bolilla: Quinientos.
Mago: Quedan dos números.
Bastonero: No le interesa que creamos en Él. Sólo me pidió que las perdonemos.
Voz de niño cantor: 55.402
Voz del Bolilla: Quinientos.
Mago: Ay, callate. ¡El último, por favor!
Voz de niño cantor: 77.645
Pausa.
Mago: ¿Qué le pasa? Dale, cantalo, ¿qué esperás?, cantalo.
Voz del Bolilla: ¡Un millón de pesos!
Mago (abrazando al Bastonero): ¡Sí! ¡Salió! ¡Salió! ¡Dios también se equivoca!
Voz de locutor (dubitativo): Hubo un error. El primer premio todavía no salió. La bolilla no es la correcta. El joven se confundió. Pedimos disculpas. ¿Escribano? Vamos a una tanda. En breve, continuamos con el sorteo de Navidad de lotería La Neuquina. No se vayan.
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Se escucha la cortina musical de la lotería provincial. El Mago y el Bastonero se quedan perplejos.
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VI.
Nochebuena. El Mago anima la reunión presentando su nuevo show de magia.
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Mago: Usted, joven, elija una carta, la que usted quiera. (Le acerca el mazo al Bolilla y, en broma, mueve exageradamente una de las cartas.) No, perdón, elija libremente. Pero no la vea todavía. (El Bolilla saca una carta del mazo y la oculta.) Y, por supuesto, no me la muestre por nada del mundo. Ni por cien pesos. ¿Doscientos? No, no me haga caso. Ahora mire la carta. (El Mago no le permite al Bolilla mirar la carta.) ¡Listo! ¿Alcanzó a memorizarla? ¿No? ¿Necesita más tiempo? Bueno, adelante. (El Bolilla mira la carta.) ¿Suficiente o necesita más? Si todo esto le resulta difícil, podemos cambiar de voluntario.
Bolilla: Me parece que es un poco violento ese chiste. Te puede poner en contra a la platea.
Mago: Haceme las críticas al final, por favor. Bien, coloque la carta aquí. (El Mago le da el mazo al Bolilla.) Y mezcle, vamos, mezcle, mezcle…
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Suena el teléfono. El Bolilla le devuelve el mazo al Mago y atiende el llamado.
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Bolilla: Hola. Sí. Bueno. Sí. No puedo. Sí. Eh, no, ahora no. ¿Mañana? No sé. Bueno, sí.
Mago: ¿Quién es?
Bolilla: Todavía no. Ahora. Después del brindis.
Mago: ¿Quién es?
Bolilla: Está acá. Sigue mal. También. No, no te voy a pasar. ¿Para qué? No. Dejame a mí. Yo se lo voy a decir…
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El Mago le quita el tubo al Bolilla.
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Mago: ¿Quién habla? Ah, Marcela. ¿Qué querés con mi hijo? Debe ser la Navidad que te puso sensible, pero no te preocupés, mañana o pasado se te pasa. ¿Él te llamo? No te creo. Mentís, como siempre. Hace ocho años que no lo ves. Ya ni se acuerda de tu cara.
Bolilla: ¡Callate!
Mago: ¡Nos cagaste la vida, Marcela!
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El Mago cuelga el teléfono.
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Bolilla: ¡Estoy harto! Me tengo que empezar a hacer cargo de mi vida. No tengo espalda para ustedes dos.
Mago: Sentate.
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El Bolilla no se sienta.
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Mago: Yo sé que estás mal por lo que pasó. Pero te prometo que no te voy a volver a presionar. Las cosas van a cambiar. Yo voy a conseguir trabajo en el casino. Mi show es el mejor del valle. Si querés, una vez adentro, te hago entrar a vos. De grouppier se ganan buenas propinas.
Bolilla: Después de lo que hice en el sorteo de Navidad, no creo que me den trabajo en un casino. ¿Por qué no pensás un poco antes de hablar? No me voy a ir vivir con Marcela, si eso es lo que te preocupa. Me voy a encontrar con ella para pedirle plata. Le estoy trabajando la culpa. No me va a poder negar algo material después de tanto abandono. Quiero trabajar en la tele. En Buenos Aires. Quiero ser amigo de Carlín, hijo de Arturo, paquito de Yuya, no sé, un gomazo, lo que sea para salir de esta casa. Quiero tener mi cuarto. Nunca tuve un cuarto propio, papá. Quiero una pared en donde pueda pegar mis pósters.
Bastonero: Dejá que se vaya.
Mago: ¿Qué te pasa? ¿Otra vez te habló Dios? Mirá que se equivocó. El ganador del Gordo no fue Palacios.
Bastonero: No seas bruto. Palacios es una metáfora, un símbolo, una parábola…
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El Bolilla saca de abajo de su cama una mochila y el bastón de su abuelo.
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Bolilla (dándole el bastón a su abuelo): Feliz navidad. Llegó por correo hace cinco días. Tu hijo no te lo dio porque quiere venderlo, pero todavía no recibió una buena oferta.
Bastonero (mientras ataca al Mago con el bastón): ¿Cómo se te ocurre vender mi bastón?
Mago: Pará, pará.
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El Bolilla aprovecha la pelea para irse de la casa. El Mago empuja al Bastonero.
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Mago: ¡Ese pedazo de madera no tiene valor! ¡Esa es la medida de tu autoridad! ¡Nada! ¡Nada!
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El Mago sale en busca del Bolilla. El Bastonero se quita el suero. Enciende el grabador. Se escucha la marcha de San Lorenzo. Empieza a hacer figuras con su bastón. La acción crece en intensidad hasta que su corazón le dice basta.