viernes 28 de diciembre de 2007

¿Temporada o temporal?

Esta nota no pretende ser un balance de la temporada 2007. ¿Qué debería formar parte del debe y qué del haber en materia teatral? ¿Cómo saberlo? Mejor los balances se los dejamos a los contadores. A continuación, encontrarán una enumeración de hechos, fenómenos, procesos, que, por alguna razón, provocaron en mí una impresión duradera. Es un listado muy personal, propio de un blog, apenas exhaustivo con el contenido de mi memoria a esta altura del año. No hay valoración alguna en el número que acompaña a cada suceso. Y tampoco sigo un orden cronológico de presentación, pero, sin dudas, la segunda parte del año fue mucho más movida que la primera.
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1. Pelea de fondo: Gambaro v.s. Spregelburd. ¡Segundos afuera!
Se cruzaron dos pesos pesados. La empezó Griselda. Rafael no se quedó atrás. Piña va, piña viene, Dubatti se entretiene. Pero la pelea no fue más que una contienda de exhibición. Una pena. La polémica era muy interesante.
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2. La salida intempestiva del Casabé-team
En la fiesta de cierre del VI FIBA, Graciela Casabé sopló las velitas de una gran torta en conmeración de los primeros diez años del Festival, sin saber, o sabiendo, que alguien ya se la tenía jurada. A ella y a todo su equipo. La política es así. En su lugar, viene un piloto de Fórmula 1. Esa parece ser la apuesta de los macristas: poner todas sus fichas a un ganador, a una figura indiscutible, a un corredor con experiencia. Por el momento, esta comparación bastante obvia entre Rubén y Michael no pasa de ser una mera expresión de deseos. Todo dependerá de la escudería que le toque en suerte a nuestro Szuchmacher (el otro se escribe Schumacher).
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3. Corazoncito teatrero
Macri no fue a la presentación de la programación del Complejo Teatral San Martín. Su jefe de gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, autoproclamado amigo de Kive Staiff, ya que estaba, se dio una vuelta por la Casacuberta, pero no se pudo quedar mucho tiempo porque tenía otros asuntos que atender. Por suerte, el ex-sushi, devenido Ministro de Cultura de la Ciudad, Hernán Lombardi, confesó tener un coranzocito teatrero. Así que nos podemos quedar tranquilos, ¿o no? Ah, Kive sigue al frente del San Martín, naturalmente, ¿naturalmente? Por estos días, empezó a circular un petitorio en contra de su continuidad.
4. ¿Dónde hay un mango?
Este año, electoral, se demoraron los pagos de los subsidios a las cooperativas teatrales. Y no se puso en marcha el Régimen de Promoción Cultural creado por la Ley de Mecenazgo. Para terminar 2007, al menos, una buena noticia: aumento de presupuesto a PROTEATRO.

5. ¿Dónde hay un mango? II
Esta respuesta quizás la puedan responder los agentes de prensa más importantes. Se calcula que entre enero y setiembre de este año recibieron de parte de los grupos de teatro alrededor de 250 mil pesos. También se le puede hacer la misma pregunta a los dueños de salas subsidiadas que descargan gastos en los elencos a través de mecanismos ilegales como el seguro de sala. Ellos sí que saben manejar el negocio.

6. ¿Dónde hay un espacio?
Por un lado, el gran interrogante: ¿hay muchas obras para pocas salas o todos queremos estrenar en las salas del Abasto? Por el otro, se cierran espacios como el canal Ciudad Abierta, pero aumentan los sitios y blogs dedicados a la difusión de la actividad teatral (autobombo).

7. La lucha continúa
Durante 2007, las salas, a través de ARTEI y ATI, pudieron funcionar casi sin temor a sufrir una clausura. Pero la Legislatura aprobó recientemente la ley 2542. Por lo tanto, será un verano de muchas reformas en los teatros. ¿Será así?

8. La lucha recién comienza
Un grupo de teatristas independientes se organizó bajo el nombre de Colectivo Teatral con el objetivo de plantear y conseguir nuevas y mejores condiciones de producción, exhibición y difusión para las obras de teatro. En el blog http://www.colectivoteatral.com.ar/ se puede conocer más información sobre esta movida y consultar instructivos sobre la Ley de Mecenazgo y la nueva convocatoria de subsidios de PROTEATRO.

9. A pesar de todo...
...este año en la ciudad se produjo teatro en cantidades industriales. Se evidenció un desgaste en el modo de producción más ortodoxo, lo cual llevó a que muchos grupos se animaran a trabajar en espacios no tan convencionales. Otra particularidad para señalar: de los comentarios que publiqué en este blog, más del 40% corresponde a adaptaciones de obras de teatro, novelas, historietas o diarios íntimos. ¿Tendrá que ver con mi gusto personal o es una tendencia de la cartelera porteña?
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Si algún/a lector/a quiere agregar sus hechos del año, lo puede hacer en los comentarios a esta entrada. El Gran Dios Brown aprovecha para agradecer a todos los que leen, critican, elogian y difunden este blog. ¡Mucha mierda para 2008!

jueves 27 de diciembre de 2007

convocatoria a director@s - Los oficios manuales - escenas IV, V y VI

Cierra la convocatoria a directores/as para dirigir el texto LOS OFICIOS MANUALES, ganador de una mención en el concurso de guiones de teatro de Metrovías 2006. Quienes estén interesados/as, deben escribir un comentario a esta entrada o enviar un mail a elgrandiosbrown.blog@gmail.com La primera escena fue publicada en este blog el 15/09, la segunda el 27/10 y la tercera el 26/11.
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IV.
Unos días después. A la noche. El Bolilla está viendo la televisión. Se emociona cuando las hijas de Arturo dicen: “¡Grande, pa!” Suena el teléfono.
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Bolilla: ¿Papá? ¿Cómo sigue el abuelo? No se escucha bien. Hablá más fuerte. Que hablés más fuerte. Me eligieron para el sorteo de Navidad. Lo logré. El sorteo. ¿Cuándo vuelven? ¿Cuándo? No te escucho. ¡Hola!
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Se corta la comunicación. El Bolilla vuelve a mirar la televisión. Alguien golpea a la puerta. El Bolilla se asusta. Apaga el televisor y las luces.
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Guante: ¡Abrime! Quiero saber qué le pasó al abuelo. ¡Por favor, abrime!
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El Bolilla enciende las luces y abre la puerta. Se miran en silencio.
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Bolilla: No estás igual.
Guante: Vos tampoco.
Bolilla: Pasá. ¿Cómo te enteraste?
Guante: ¿De que viven acá? Empecé a entrenar en un gimnasio que está a la vuelta del edificio de la lotería. Una tarde te vi de casualidad y te seguí hasta acá. ¿No te diste cuenta?
Bolilla: Sí, pero no le cuentes a papá.
Guante: Neuquén no es muy grande. Los iba a encontrar tarde o temprano.
Bolilla: Ellos prefieren tarde. Yo no.
Guante: ¿Por qué? ¿Pensás que cambié? ¿Qué los dos somos más grandes y entonces no nos vamos a pelear más? ¿Te creés capaz de hacerme frente?
Bolilla: Sos un profesional. ¿Cuál es tu récord?
Guante: No recuerdo haber ganado una pelea. Entreno mucho. Todos los días. Los primeros rounds son míos. Después se me nubla todo. Me despierto en el vestuario o en el hospital. Tirado en una camilla.
Bolilla: Dejá el boxeo. Te va a matar.
Guante: Un doctor me dijo que de chico me pegaron muy fuerte en la cabeza. Y que ese golpe rompió algo adentro. Fue el abuelo. Un día estábamos boxeando de mentira. Yo ya tenía decidido que quería ser boxeador. Me dejé llevar por el juego y le pegué un gancho en la mandíbula, que es donde se pegan los ganchos, al mejor estilo Martillo Roldán. Se levantó y me fajó delante de mamá, que le pedía a gritos y arañazos que me dejara de pegar. A ella también la noqueó.
Bolilla: Y esa noche nos abandonó.
Guante: Esa o la siguiente. Papá no la defendió.
Bolilla: ¿Por qué no nos llevó con ella?
Guante: No sé.
Bolilla: No es la misma historia que me contó papá.
Guante: No me importa. Estamos hablando por hablar. No te cuento todo esto para…
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De repente, el Guante deja de hablar y se queda paralizado con la mirada perdida.
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Bolilla: ¿Qué te pasa? ¡Eh!
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El Guante vuelve en sí.
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Bolilla: El abuelo está internado. Tuvo un ataque mientras bastoneaba. Ahora está mejor.
Guante: Mejor. Lo voy a esperar.
Bolilla: No, no podés quedarte acá.
Guante (mientras le pasa una mano por el pelo al Bolilla): ¿Tenés miedo? Yo te voy a cuidar. Estuve en la cárcel dos años. ¿Sabés lo que te enseñan en la cárcel?
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El Bolilla toma distancia.
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Guante: No, mentira. No estuve nunca en la cárcel. Era una broma. Como cuando éramos chicos y yo te apagaba la luz del baño y gritaba: “¡La bruja! ¡La bruja!”
Bolilla: O en el río, cuando me atacabas por la espalda y me hacías el submarino.
Guante: De eso no me acuerdo.
Bolilla: Ahora no me asustás. Si querés culearme, pagá. En la barda o en el mirador cobro barato. Acá te puede salir un poco más caro.
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Se ríen.
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Guante: Estamos hablando…
Bolilla: …por hablar.
Guante (preocupado): ¿El abuelo te…?
Bolilla: No. El no tiene la culpa. Nadie la tiene. A mí me gustan las mujeres. Pero es plata fácil. Me quiero ir a vivir a Buenos Aires.
Guante: Todos queremos lo mismo. ¿Papá…?
Bolilla: No sabe. El abuelo sí. Porque una noche fue a la barda y me vio. Cada tanto lo atiendo para que me guarde el secreto. Igual está viejo, no jode mucho. Y después de este ataque, menos.
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Se quedan en silencio unos segundos.
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Guante: ¿Me hacés precio?
Bolilla: No.
Guante: Me das asco.
Bolilla: ¿Porque no te hago precio?
Guante: Niño cantor. Estás más inteligente. Siempre fuiste más inteligente que yo. Pero esta vez no me engañás.
Bolilla: Pagá y te juro que me vas a creer.
Guante (amenazante): Te voy a romper el culo y no te voy a pagar nada, ¿qué te parece?
Bolilla (tomando nuevamente distancia): Está bien, está bien, quedate si querés. Perdoná.
Guante: ¿Cuándo vuelven?
Bolilla: No sé. Hablé recién, pero se cortó. En dos o tres días, supongo.
Guante: Entonces por dos o tres días, en esta casa, se hace lo que yo diga. Después…
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Nuevamente el Guante se paraliza con la mirada perdida. El Bolilla hace como si le pegara una trompada.
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Bolilla (le habla a su hermano aunque éste no lo escucha): Si te hubieras quedado conmigo… El abuelo manoseaba a un compañerito de la banda. Yo lo vi. El Broca. Un chilenito que maltrataba los timbales. Yo creo que se la agarraba con los timbales para manifestar su dolor. Pobre Broca. En la escuela tenía el mejor promedio, pero no le dejaban llevar la bandera por chileno. Yo me sentí culpable por lo que le hacía mi abuelo. Las culpas se heredan, ¿sabías? Llegué a un acuerdo con mi conciencia. No lo entregué a mi abuelo. A cambio, dejé de tocar los platillos, a pesar de tener muchas condiciones para la música, y me juré acompañar al Broca en lo que sea. Nos hicimos muy amigos. Lo ayudé a pagar las operaciones para convertirse en Jessica. Al principio, sólo me encargaba de llevarle clientes a la barda. Algunos profesores, un médico, dos o tres abogados. Después empecé a trabajar con él. Ganábamos muy bien. Cuando terminó de operarse, se fue. A Chile, supongo. No lo vi más. Yo sigo trabajando. Me escapo casi todas las madrugadas y vuelvo antes de las siete de la mañana. Esta ciudad necesita más luces. Una noche las conté todas. Desde el mirador podés contar las luces de Neuquén.
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Por una de las mejillas del Guante, que sigue absorto, corre una lágrima. El Bolilla recoge la lágrima y la mira extrañado. De repente, golpean a la puerta. El Guante vuelve en sí.
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Mago: Apurate. Abrí. Hace frío.
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El Guante se esconde. El Bolilla abre la puerta. Entran el Mago y el Bastonero, éste último en silla de ruedas y con un suero.
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Mago: Te estaba llamando desde la terminal.
Bolilla: No se escuchaba nada. Yo pensé que llamabas desde Buenos Aires. ¿Cómo te sentís, abuelo?
Mago: Está muy cansado, no le hablés. El viaje fue muy largo. Ayudame a prepararle la cama.
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El Mago y el Bolilla entran al cuarto del Bastonero. El Guante los encierra en el cuarto. El Bastonero se asusta. El Guante se calza los guantes de box y se acerca amenazante a su abuelo.
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Bastonero (llorando): Perdoname, perdoname…
Mago (forcejeando con la puerta): ¡Abrí! ¡Es tu abuelo! ¡No hagas locuras! ¡Está delicado! ¡Lo vas a matar!
Bastonero: Tu hermano guarda plata debajo de la cama, en una cajita azul.
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El Guante se quita los guantes de box. Saca el dinero de la cajita azul.
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Guante: Hermanito, escuchá este consejo que te voy a dar. No usés más las manos. Las manos de esta familia están malditas. Usá la cabeza o el culo. Pero no usés más las manos. Te quiero.
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El Guante se va. El Bastonero sigue llorando.
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V.
22 de diciembre. De noche. El Mago y el Bastonero están sentados mirando por televisión el sorteo de Navidad de la lotería provincial, en el cual participa el Bolilla como niño cantor. El Bastonero tiene conectado un suero a uno de sus brazos.
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Mago: ¡Cómo se hace desear el primer premio! Ya salieron el segundo y el tercero.
Bastonero: ¿Se sabe algo de mi bastón?
Mago: No tuve novedades.
Bastonero: Ni lo buscaste. Es muy importante para mí, es mi insignia…
Mago: ¿Para qué lo querés si no lo vas a usar más?
Bastonero: Toda mi autoridad está en ese objeto.
Mago: Ahí cambiaron. Le toca otra vez. Diez números. Vamos, vamos. Es ahora o nunca.
Voz de niño cantor: 21.389
Voz del Bolilla: Quinientos.
Mago: El próximo, el próximo.
Voz de niño cantor: 54.613
Voz del Bolilla: Quinientos.
Bastonero: ¿Está usando la gomina? No veo.
Mago: Callate, no puedo escuchar.
Voz de niño cantor: 87.756
Voz del Bolilla: Quinientos.
Mago: Ay, vamos.
Voz de niño cantor: 23.783
Voz del Bolilla: Quinientos.
Bastonero: Te conté que en el hospital hablé con Dios.
Mago: ¿Qué decís, papá?
Voz de niño cantor: 33.678
Voz del Bolilla: Quinientos.
Bastonero: Me dijo que el Gordo de Navidad se lo saca Palacios.
Voz de niño cantor: 55.402
Bastonero: Pero que igual no nos preocupemos porque el premio no lo canta tu hijo.
Voz del Bolilla: Quinientos.
Mago: Dejá de decir boludeces, ¿querés?
Bastonero: También me dijo que nuestras mujeres ya no nos guardan rencor.
Voz de niño cantor: 10.331
Voz del Bolilla: Quinientos.
Bastonero: Así que tenemos que perdonarlas.
Mago: Sí, sí, están perdonadas.
Bastonero: De corazón.
Voz de niño cantor: 60.094
Voz del Bolilla: Quinientos.
Mago: Quedan dos números.
Bastonero: No le interesa que creamos en Él. Sólo me pidió que las perdonemos.
Voz de niño cantor: 55.402
Voz del Bolilla: Quinientos.
Mago: Ay, callate. ¡El último, por favor!
Voz de niño cantor: 77.645

Pausa.

Mago: ¿Qué le pasa? Dale, cantalo, ¿qué esperás?, cantalo.
Voz del Bolilla: ¡Un millón de pesos!
Mago (abrazando al Bastonero): ¡Sí! ¡Salió! ¡Salió! ¡Dios también se equivoca!
Voz de locutor (dubitativo): Hubo un error. El primer premio todavía no salió. La bolilla no es la correcta. El joven se confundió. Pedimos disculpas. ¿Escribano? Vamos a una tanda. En breve, continuamos con el sorteo de Navidad de lotería La Neuquina. No se vayan.
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Se escucha la cortina musical de la lotería provincial. El Mago y el Bastonero se quedan perplejos.
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VI.

Nochebuena. El Mago anima la reunión presentando su nuevo show de magia.
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Mago: Usted, joven, elija una carta, la que usted quiera. (Le acerca el mazo al Bolilla y, en broma, mueve exageradamente una de las cartas.) No, perdón, elija libremente. Pero no la vea todavía. (El Bolilla saca una carta del mazo y la oculta.) Y, por supuesto, no me la muestre por nada del mundo. Ni por cien pesos. ¿Doscientos? No, no me haga caso. Ahora mire la carta. (El Mago no le permite al Bolilla mirar la carta.) ¡Listo! ¿Alcanzó a memorizarla? ¿No? ¿Necesita más tiempo? Bueno, adelante. (El Bolilla mira la carta.) ¿Suficiente o necesita más? Si todo esto le resulta difícil, podemos cambiar de voluntario.
Bolilla: Me parece que es un poco violento ese chiste. Te puede poner en contra a la platea.
Mago: Haceme las críticas al final, por favor. Bien, coloque la carta aquí. (El Mago le da el mazo al Bolilla.) Y mezcle, vamos, mezcle, mezcle…
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Suena el teléfono. El Bolilla le devuelve el mazo al Mago y atiende el llamado.
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Bolilla: Hola. Sí. Bueno. Sí. No puedo. Sí. Eh, no, ahora no. ¿Mañana? No sé. Bueno, sí.
Mago: ¿Quién es?
Bolilla: Todavía no. Ahora. Después del brindis.
Mago: ¿Quién es?
Bolilla: Está acá. Sigue mal. También. No, no te voy a pasar. ¿Para qué? No. Dejame a mí. Yo se lo voy a decir…
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El Mago le quita el tubo al Bolilla.
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Mago: ¿Quién habla? Ah, Marcela. ¿Qué querés con mi hijo? Debe ser la Navidad que te puso sensible, pero no te preocupés, mañana o pasado se te pasa. ¿Él te llamo? No te creo. Mentís, como siempre. Hace ocho años que no lo ves. Ya ni se acuerda de tu cara.
Bolilla: ¡Callate!
Mago: ¡Nos cagaste la vida, Marcela!
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El Mago cuelga el teléfono.
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Bolilla: ¡Estoy harto! Me tengo que empezar a hacer cargo de mi vida. No tengo espalda para ustedes dos.
Mago: Sentate.
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El Bolilla no se sienta.
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Mago: Yo sé que estás mal por lo que pasó. Pero te prometo que no te voy a volver a presionar. Las cosas van a cambiar. Yo voy a conseguir trabajo en el casino. Mi show es el mejor del valle. Si querés, una vez adentro, te hago entrar a vos. De grouppier se ganan buenas propinas.
Bolilla: Después de lo que hice en el sorteo de Navidad, no creo que me den trabajo en un casino. ¿Por qué no pensás un poco antes de hablar? No me voy a ir vivir con Marcela, si eso es lo que te preocupa. Me voy a encontrar con ella para pedirle plata. Le estoy trabajando la culpa. No me va a poder negar algo material después de tanto abandono. Quiero trabajar en la tele. En Buenos Aires. Quiero ser amigo de Carlín, hijo de Arturo, paquito de Yuya, no sé, un gomazo, lo que sea para salir de esta casa. Quiero tener mi cuarto. Nunca tuve un cuarto propio, papá. Quiero una pared en donde pueda pegar mis pósters.
Bastonero: Dejá que se vaya.
Mago: ¿Qué te pasa? ¿Otra vez te habló Dios? Mirá que se equivocó. El ganador del Gordo no fue Palacios.
Bastonero: No seas bruto. Palacios es una metáfora, un símbolo, una parábola…
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El Bolilla saca de abajo de su cama una mochila y el bastón de su abuelo.
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Bolilla (dándole el bastón a su abuelo): Feliz navidad. Llegó por correo hace cinco días. Tu hijo no te lo dio porque quiere venderlo, pero todavía no recibió una buena oferta.
Bastonero (mientras ataca al Mago con el bastón): ¿Cómo se te ocurre vender mi bastón?
Mago: Pará, pará.
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El Bolilla aprovecha la pelea para irse de la casa. El Mago empuja al Bastonero.
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Mago: ¡Ese pedazo de madera no tiene valor! ¡Esa es la medida de tu autoridad! ¡Nada! ¡Nada!
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El Mago sale en busca del Bolilla. El Bastonero se quita el suero. Enciende el grabador. Se escucha la marcha de San Lorenzo. Empieza a hacer figuras con su bastón. La acción crece en intensidad hasta que su corazón le dice basta.

sábado 22 de diciembre de 2007

chiste brown



La semana pasada el Instituto Nacional del Teatro depositó la última cuota del subsidio otorgado, en 1884, a la Compañía de los Hermanos Podestá para la producción de Juan Moreira, versión teatral de la novela homónima de Eduardo Gutiérrez.
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Se rumorea que en la próxima partida presupuestaria los primeros en beneficiarse serían los integrantes de la Compañía Nacional Muiño-Alippi, quienes estrenaron hace 95 años El debut de la piba, sainete escrito por Roberto Cayol.
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¡Felicitaciones!
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Referencias:
Imagen 1: "Pepe" Podestá caracterizado como el gaucho Juan Moreira.
Imagen 2: Roberto Cayol

viernes 14 de diciembre de 2007

Apocalípticos y apocalípticos

Carta de renuncia de Graciela Casabé
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Buenos Aires, 12 de diciembre de 2007

A la Comunidad Teatral, a los Artistas e Invitados Internacionales, a los colaboradores de estos 10 años del Festival Internacional de Buenos Aires, a las Instituciones, Agregadurías Culturales, Embajadas, a los medios de prensa, al público en general:
Mi decisión de abandonar la dirección del Festival Internacional de Buenos Aires -tras completar la VI Edición del mismo- estaba tomada. De esto pueden dar fe mis colaboradores. Lo que también creía es que el Festival se merecía una transición hacia nuevas direcciones -y decisiones- que tomasen en cuenta la experiencia transitada. No es necesario aclarar aquí los niveles de excelencia y eficacia que este Festival supo demostrar.
Pero ni en la más oscura de mis pesadillas podía yo imaginar que la política del nuevo Ministro de Cultura (que responde clara y penosamente) a la del nuevo Jefe de Gobierno de la Ciudad iba a obligarnos a desalojar las oficinas en menos de 48 horas, previa decisión de desarmar todos los equipos de trabajo que -tras estos 10 años- se constituyeron como ejes principales para la realización del Festival.
No se trata aquí de defender cargos, sino de dejar en claro que esta actitud de inusitada violencia, es la que marca la política a seguir: aquella que intenta anular, echar por tierra, reducir a cero lo que se supo construir de buena manera y con indiscutible éxito hasta el presente.
En el momento en que usted esté leyendo este mail las oficinas del Festival estarán vacías por orden de las nuevas autoridades.
Parece que el lema "todo lo hecho bajo el gobierno anterior debe ser desarmado" sigue gozando de buena salud en el Macrismo.
La violencia a las que nos vimos sometidos (no me extenderé aquí sobre los modos y los dichos en los que fuimos desalojados en menos de 48 horas) llevan a pensar que la pluralidad de criterios, el disenso y los valores democráticos -tan altamente defendidos en las campañas electorales del Pro así como en las primeras horas de mandato- se ven totalmente anulados a la luz de estas actitudes.
A todos los empleados de planta del Festival se les ha pedido que abandonen y vacien las oficinas para reincorporarse en sus funciones el 15 de enero en tareas y lugares a designar. Y esta es la decisión que echa por tierra el trabajo de 10 años, el esfuerzo conseguido por todo el equipo, el orgullo de armar un festival con dedicación y trabajo, con pasión y con una enorme, profunda mística.
Mediante esta carta presento mi renuncia indeclinable a la dirección del Festival Internacional de Buenos Aires pero -antes de hacerlo- me pareció pertinente advertir a la comunidad teatral, a los medios, al público, a los invitados internacionales y a todos los que demuestran un interés en la cultura que estamos frente a la peor de las políticas, a la peor manera de entender la cultura, a la peor muestra de poder.
Y no quiero ser cómplice de este maltrato, por eso lo denuncio. Este hecho de atropello no hace más que reforzar el viejo pensamiento binario de "unos contra otros" para demostrar lo que ya con creces sabemos puede derivar de este pensamiento.
Gracias por acompañarme en estos 10 años. Estoy segura de que nos encontraremos en mejores y más luminosas condiciones. Pero de algo también estoy segura: nos merecíamos otro final.
Y es la historia lamentablemente de este país.
Otra vez, gracias.

Graciela Casabé
DNI 12.976.689